Jon - El Origen
    Chicago, 9/11/1996 

    Este es un mundo muy extraño para mi. Por el cielo vuelan unosbarcos a los que llaman aviones. Hay unos espejos, los llaman televisores,que muestran el reflejo de seres que pueden estar muy lejos tuyo. Hay unoscarros de metal que sirven para transportar gente, carros que se muevena una velocidad muy superior a los carros tirados por caballos. ¿Cómohe llegado aquí? Creo que me volveré loco. Tendréque abandonar mi clan y unirme a los Malkavian. Si incluso esto que escribolo hago apretando unas letra (teclas, me han dicho que se dicen),¡Yestas se reflejan en otro espejo! 

    Pero empecemos por el principio. ¿Quién soy? Mi nombrees Jon, y nací en el año del Señor de 1154. En mivida mortal no era mas que un leñador que vivía en el reinode Inglaterra, una gran isla al norte del continente (ahora me han dichoque lo llaman Europa). Mi pequeño pueblo, Dorchester pertenecíaal ducado de Dorset, y se encontraba a pocas millas de la llanura de Salisbury,cerca del río Támesis. La nuestra era una poblaciónque subsistía de la caza que conseguíamos, muy abundanteen esa región, y lo poco que podíamos cultivar. 

    Yo iba cada ciclo de la luna al ducado portuario de Dorchester a cambiarparte del producto de mi esfuerzo por pescado, alimento que escaseaba enmi región. Fue durante el viaje de retorno de una de estas salidascuando le encontré. Oí el aullar de lobos, demasiado cercanospara mi gusto, y oí las pisadas de alguien corriendo. Vi a un hombreatravesar el camino como si lo persiguiese el diablo, y a poca distanciatras el aparecieron seis lobos enormes, demasiado grandes, pero en aquelmomento no me fijé en este detalle. La luna estaba llena. Oíun cuerpo que caía al suelo, el rugir de los animales, y un gritoinhumano de dolor. No lo pude evitar. Paré mi carro, cogíla maza, y me puse a correr al auxilio de aquel pobre desgraciado. 

    Lo encontré rodeado por los lobos, que lo mordían y rasgabancon sus dientes y garras. Alcé mi arma, y ataqué a las bestias.Al oírme, una de ellas se giró y me miró. Esa mirada.Nunca olvidaré esa mirada. Detecté en aquellos dos ojos unagran inteligencia y sabiduría, pero mezcladas con un intenso odioy rabia. Me detuve. No podía atacar. Un gran temor me llenaba elcuerpo. Entonces, aquel majestuoso, tenebroso animal, aulló. Y elaullido aun resuena en mi cabeza, si, ahora vuelvo a oírlo. Me parecióque me volvería loco. Me tapé los oídos, no lo podíasoportar. 

    La mirada. El aullido. Cerré los ojos. Oí pasos que seacercaban. Sentí que uno de los lobos me olfateaba - notésu aliento en la cara. Yo estaba de pié. Atemorizado, aterrado,no me atreví a abrir los ojos. Noté una cosa que pasaba rozándome.Dos. Tres. Los lobos se iban. No me mataban, no me hacían nada.Allí quedé yo. Caí al suelo, temiendo por mi cordura,chillando de desesperación. Entonces recordé al extraño. 

    Abrí los ojos, y allí estaba, bañado en sangre.Su cuerpo estaba lleno de heridas, mortales la mayoría. De hecho,al primer vistazo, creí que estaba muerto. Sangraba por todo elcuerpo. Tenia el cuello rasgado por una garra, las piernas casi separadasdel cuerpo a mordiscos, se veía los intestinos que le salíandel cuerpo. Aquel, fuese quien fuese, tenía que estar muerto. Hastaque le oí la voz. Ayúdame - dijo - no me puedo mover. Nodejes que me toque la luz del sol - ¡Aquel hombre aún estabavivo! ¿Cómo podía ser? Nadie puede sobrevivir a tangraves heridas... 

    Intenté cerrar sus heridas como pude, y lo llevé al carro.Lo estiré en la parte de atrás, dije una oración porel, y seguí el viaje. Lo llevaría a casa, para que murieseen paz. Puede que aún estuviese vivo, pero no podía aguantarmucho mas. 

    Llegamos que casi era ya de día. Después de dos, casitres, horas de viaje, ¡aún estaba vivo! Lo llevé ami cama, donde lo tumbé. -La luz...- oí que murmuraba - nodejes que me toque la luz...- Cerré la ventana. Había oídoleyendas de seres demoníacos que no soportan la luz solar, y quesalen durante las noches de luna llena. Pero no, eso era una persona. Losrestos vivientes de una persona. No creía que un demonio pudieseser abatido por una manada de lobos. 

    El día pasó tranquilo, como cualquier otro. Cambiéalgunos salmones por carne de conejo, y narré los hechos que habíapresenciado a mis vecinos. Todos se quedaron azorados, pero no supieronexplicarme nada. Hacia años que no se veían lobos por lazona, es todo lo que saqué en claro. Ah, si hubiese hecho caso alas supersticiones... Volví a casa, el dormía, un sueñomuy profundo. Su cuerpo ya no sangraba. ¿Cómo supe que dormía?Pues realmente no lo se. Mi primera impresión fue que ya estabamuerto, y no se percibía el ritmo respiratorio, pecho arriba, pechoabajo. No me atreví a buscarle el pulso. Tenia la esperanza de queestuviese vivo. Ja. Vivo. 

    Y llegó la noche. Me fui a dormir, no en la cama, claro. Yo eraun mortal que fácilmente cogía el sueño. Pero esanoche fue diferente. Cuando cerraba los ojos tan solo veía la mirada.La mirada del lobo. Y oía el aullido. Tenía miedo. Terror.Miedo al lobo. Miedo al extraño, miedo a todo. De repente oíun ruido. ¡El extraño! ¡Se había movido! Me levantérápidamente, y corrí hacia el. - Sangre. Necesito sangre- En aquel momento no entendí lo que decía. Oh si, las palabrassi, pero no el significado. ¿Sangre? Pensé. Y le traje elconejo. Lo desmenucé y se lo di. Pero su cuerpo no lo aceptaba.Estaba demasiado débil - o eso creí yo -. Lo que si se tomó,y muy ávidamente, fue la sangre que caía de la bestia muerta.- La sangre es alimento - pensé - si no puede comer, le darémas. - Y así lo hice, una noche tras otra. Hasta que se curó. 

    Ah, su curación. No entendía como no se había muerto,y aún me sorprendió mas su curación. En dos semanastodas sus heridas estaban cerradas. Pero mi mayor sorpresa fue pasadasdos semanas mas. Nunca olvidaré ese día, en toda la eternidadque tengo por delante. Bien, no ese día, si no aquella noche. 

    Yo estaba durmiendo, cuando de repente me despertó un fuertedolor en el cuello. ¡Algo me lo agujereaba! Intenté resistirme,pero no pude hacer nada. Un gran placer recorrió mi cuerpo. Un placermuy intenso, de una intensidad rayana al dolor. Nunca había sentidoeso. Un escalofrío me recorrió el espinazo, arriba y abajo,arriba y abajo. Una fría calor, originada en la herida que me acababande producir, recorrió mi cuerpo. Eso era mejor que el placer sexual.Mas, quería mas. Oh si, ¡que placer! ¡Que dolor! Derepente, todo se acabó. No podía ser, aquello teníaque seguir, quería mas, no se podía acabar. Y salídel estupor. Abrí los ojos, mareado, y lo vi. El extranjero, delantemío, con la boca llena de sangre - mi sangre, extasiado. Y caíal suelo. Mis piernas no me aguantaban. 

    - Te debo la vida, mejor la muerte. No te preocupes, te pagaré.- Oí que decía, justo antes de perder la consciencia. 

    Abrí los ojos. Y los volví a abrir. ¿O los teníaabiertos? No veía nada. Notaba las muñecas y los tobillosfríos. ¿Cuánto rato había estado inconsciente?Estaba atado a la pared mediante argollas. ¿Dónde estaba?¿Cuánto tiempo había estado inconsciente? Y volvía perder el conocimiento. 

    Algo me llenaba la boca. Un líquido caliente, con gusto a hierro.¡Sangre! Abrí los ojos. Allá estaba el, el extranjero.Tenía un corte en el brazo, y me daba a beber la sangre que manaba. 

    - Hola, salvador mío. Veo que te has despertado. ¿Quétomaremos hoy para almorzar? Ahora que... mejor diríamos cenar,¿verdad?. ¿Como, que no tienes hambre? Oh... que mal educado...Yo que tan amablemente te proporcionaba alimento, sangre calentita... acabode cazar... ¡Bebe! 

    Esta última palabra no fue pronunciada, si no gritada, mientrasme forzaba su brazo en la boca. 

    - Bebe - dijo suavemente - bebe de la fuente de la vida, acostúmbratea su sabor, ya que no tomarás nada mas... - dijo con una voz tenebrosa,macabra - ¡¡¡Ha ha ha ha ha ha hahaha!!! 

    - ¿Quieres que te diga una cosa? ¿No? Pues te la diréigualmente. Mira te he de confesar un secreto, pero no se lo dirása nadie, ¿verdad? ¿Me prometes que quedará entre tuy yo? ¿Si? Entendidos, confío en ti. Mira, ¿sabesqué? Yo soy un vampiro. Uuuuuuuu! Ay no, esto lo hacen los fantasmas- y se puso a reír. Una risa aterradora. Una risa insana. Una risade loco. - ¿Quieres que te diga otra cosa? A mi me gusta mucho cazar.Ir al pueblo - a tu patético pueblo o a cualquier otro, da lo mismo.Escoger una persona y ¿ves estos dientes? Clavárselas enel cuello. Apretar fuerte, hundirlas al máximo. Pero espera, nonos precipitemos... antes de atacar, el cazador debe asediar a su presa...dejarse entrever, una sombra aquí, otra allá. Aterrorizarla.Oh, si, que divertido es cuando ves que mira atrás, discretamente,para ver quien le persigue. A veces dejas ver, otras no. Unas veces eresuna sombra, otras eres su sombra. 

    Como disfruto con su cara de terror cuando no llega a saber que es loque le sigue. Hay que echan a correr, y yo les salto encima. Hay que tienenmás sangre fría, y siguen andando. Y yo sigo con el juego.Como me gusta hacer ruidos, ¡cómo saltan cuando los oyen!Es deliciosamente dulce, el terror... y cuando menos se lo espera, se leechas encima. Y suelta ese grito. Y le clavas los dientes. Y empieza asalir la sangre. ¡Qué éxtasis! Este es el momento queme gusta mas... la roja sangre mana rápidamente, con fuerza, y elplacer se esparce por mi cuerpo, provocándome una calor excitante,oh, que bien me siento. 

    ¿Te aburro con mi historia? Haces una cara... ¿quieresvomitar? Tu mismo, ya lo limpiarás después... Pero, ¿pordónde iba? Ah, si, la calor. Recorre mi cuerpo provocándomedeliciosos escalofríos. Y entonces he de tomar una decisión.¿Lo mato o lo dejo vivir? Si la caza me ha satisfecho, acostumbroa perdonarle la vida, me ha divertido. Pero si no, le vacío lasvenas, no le dejo ni una gota. Pero ¿no querrás que la gentesepa lo que hay entre ellos? Lo abro en canal. ¿Te hago asco? Note preocupes, en seguida acabo. Como te decía, lo rajo en canaly lo tiro al río. Y si no hay río, a una piara. Algunas veceslo he tirado dentro de una casa, tan solo para oír el grito de terrorde sus habitantes. Otra cosa que me gusta mucho también hacerleses romper todos sus huesos. Crec. Crec. Crec. Este ruido lo hacen las costillas.Crac. Eso era una pierna. ¡Craff! Eso era un cráneo aplastadocon una piedra. Otras veces escondo el cadáver, si quiero volverla noche siguiente. Ahora que si lo he dejado vivo... ¿sabes cuantas"epidemias" he provocado? 

    Debilidades, palidez, pérdida de fuerzas... estos son algunosde los síntomas que provoca la desagnación. Esta noche atacoa uno, la siguiente a otro. Ya empiezan a circular rumores. Un par de personasmas la noche siguiente, y otra la otra. Y ya tienes una epidemia de fiebres.Pero, ¡no la extiendas mucho! No sea que vengan los Nosferatus aaprovecharse de la "plaga"... 

    Pero no puedes salir a cazar cada noche. Vivir en la montañatiene sus inconvenientes, ¿sabías? Y te los puedo resumiren una sola palabra : Garou. Viven en los bosques, ¿sabes? Y odiana mi gente. ¿Por qué? Pues porque si. Y nosotros los odiamosa ellos, ya sabes. Ah, ¿no lo sabías? Pues ya lo sabes. ¿Quédices? ¿Que qué son los garú? No, no, garúno. Garou. Garou, perros, lobos, hombres lobo... todo es lo mismo. Sonhombres que creen que son lobos. ¿O lobos que creen que son hombres?Pxé, hay de todo. ¿Ves? Ni ellos saben lo que son. ¿Quéte puedes esperar de bueno? 

    Pues, como decía antes de que me interrumpieras, vivir en unacueva tiene sus inconvenientes. No siempre puedes salir a cazar, ¿sabes?A veces te los encuentras delante de la puerta, como cuando me salvaste.Como te lo hiciste para que no te mataran, no lo se. No acostumbra a pasar,pero pasó. Y te debo la muerte. Si, si, has oído bien, lamuerte. Porqué no estoy vivo. ¿Entiendes el chiste? 

    Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja. 

    Pues como decía, pongámonos serios. 

    No siempre puedes salir a cazar. Pero te has de alimentar igualmente,¿sabes? Pues aquí es donde entras tu. Ya que tan amablementeme salvaste, te tomo la palabra. Me servirás de reserva, de alacena.Mientras te de mi sangre no morirás. Y así, cuando tengahambre, solo tendré que morderte. Y tu sangre será buena.Lógico. ¿Cómo quieres que no sea buena? Tu sangrete la habré dado yo. 

    Esa fue la primera noche. No se cuanto tiempo había pasado, nicuanto pasó después. Algunas veces tenía frío,otras calor. Había temporadas en las que no veía a ese ser,aquel vampiro, durante unos cuantos días. Y el hambre recorríami cuerpo. 

    Necesitaba comer. Entonces aparecía el, y me obligaba a tragarsu sangre. A veces se pasaba mucho tiempo sin salir de la cueva. Cada nocheme clavaba esos colmillos, y ese placer, ese maldito placer, volvía.Deseaba que me mordiese, y odiaba el simple pensamiento de que lo hiciese.Un día se inventó un juego nuevo. Decidió que queríaexperimentar en mi un nuevo método de desagnación. Y apareciócon una maza, mi maza. Y me golpeó el estómago. - ¿Nosangras? - Me preguntó. Y me golpeó el brazo. - Sí,por ahí sale un poco. Ampliemos el agujero - Sacó un cuchillode entre la ropa con el que me hizo un tajo. Y empezó a sorber.Este tipo de torturas me "distrajo" durante un tiempo mas. 

    Un día apareció con una muchacha. - Mirad - nos dijo -me han dicho que en un parto corre mucha sangre. ¿Sabéisque? Quiero asistir a uno. - Y nos forzó a mantener relaciones sexuales,durante las cuales se dedicaba a mordisquearnos los órganos púbicos.Y quedó embarazada, pero el parto no llegó, ya que un díadecidió que quería saber como es un niño no nato,y se la agujereó con las manos, y entre de sus gritos de dolor lesacó la criatura. - ¡Qué cosa mas rara! ¿Estoes un niño? Creo que no, que alguno de vosotros tiene algúnproblema... - La muchacha llevaba todavía dos meses de embarazo. 

    Y el tiempo pasó, las estaciones empezaron y se acabaron. Nuncahe llegado a entender como no me volví loco. Lo que si creciódentro de mi fue el odio. Un odio intenso hacia esa criatura infernal queme hacía eso. Que me obligaba a beber su sangre, e incluso a vecesla sangre de otros que arrastraba hasta allá, su lugar de reposo. 

    Y una noche me llegó la libertad. Estaba yo medio adormecido,cuando oí un ruido. Levanté la cabeza, y me encontrécon la persona mas extraña que jamás había visto.El Diablo, pensé yo. Los ojos le brillaban de color rojo, e ibavestido con pieles. Su cuerpo era musculoso y bien formado. 

    - Hace ya tiempo que observo lo que pasa aquí, mortal - me dijo-. Hace ya tiempo que observo como ese loco Malkavian hace contigo lo quequiere. Y hace tiempo que también percibo tu odio, tu fuerte odio,hacia el. ¿Quieres venganza, verdad? Pues yo te puedo proporcionarlos medios. ¿Te gustaría irte de aquí y ser tan fuertecomo el? Yo te ofrezco la posibilidad. Pero atención, te costarátu alma. Serás un condenado a la vida eterna. A la muerte eterna. 

    - Si - contesté yo - Dame tu bautismo de sangre. Quiero ser comotu. Para matarle. 

    Así fue como recibí el abrazo. Aquel Gangrel, despuéssupe el nombre de su clan, me introduzco a la muerte en vida, a la vidaen la muerte. Pasé con el sesenta años, tiempo durante elcual aprendí a ver en la oscuridad, a hablar con los animales, ahacerme crecer garras en las manos, a soportar el dolor, a fundirme conel suelo. Durante este tiempo mis aptitudes físicas mejoraron hastalímites sobrehumanos, cosa que repercutió en mis habilidades.Aquel vampiro, mi sire, me enseñó todo lo que sé sobrevampiros, me habló de los trece clanes, de la Bestia, de las Tradiciones.Los sesenta años que pasé con el no se puede decir que fuesenlos mejores de mi vida - de mi no vida, pero si los que tuvieron mas propósito.Todo yo estaba abocado a aprender lo que fuese para acabar con aquel hijode mala madre. Todo yo luchaba por mejorar, por superar mis propios límites.Mi no existencia tenía una sola finalidad : acabar con el. 

    Y a los sesenta años mi sire me dejó libre. - No te puedoenseñar nada mas. Hay, pero, muchas cosas que aún no sabes,y que has de descubrir por ti mismo. Viaja o establécete en algúnlugar. Hagas lo que hagas respeta las Tradiciones. Ahora vete. Y que Caínte acompañe. 

    Estas son las últimas palabras que le oí. Viajéportoda Europa y parte de África. Podría decir muchas cosasde esos viajes, pero seamos sinceros, no me sirvieron de gran cosa. Micorazón no estaba en lo que hacía. Tan solo teníaganas de volver y vengarme. Y un día no pude resistir mas. Me presentéen la casa de mi antiguo torturador, el Malkavian. No estaba. Lo esperé.Sabía por experiencia que tarde o temprano volvería, y yolo estaría esperando. 

    Y volvió. Y me reconoció. Y luchamos. Y la lucha durópoco. Yo no era rival para el, y huí gravemente herido, cerca dela muerte verdadera. I me fundí con el suelo para aletargarme, pararecuperarme. Y un día me desperté. Han pasado 739 años.El mundo no es el mismo, he de volver a aprender a vivir, a no vivir. Hayaparatos que te permiten hablar con gente muy lejana a ti - teléfonos-, las casas ya no son de madera. Muchas cosas han cambiado. He de volvera empezar. 

    ¡Por cierto! Hay alguna cosa que no entiendo. Yo vivíaen el reino de Inglaterra. ¿Cómo llegué aquí,a dentro de un ataúd, a un continente muy lejano al mío,un continente desconocido en mi época. Eso y si mi sire estáaún vivo, son dos cosas que quizá nunca sabré. Loque si sé seguro es que el Malkavian no está muerto. Yo hede acabar con el.