¿Qué había antesdel mismo tiempo? Quizás nada. Y como la nada no puede existir eternamente,llegado su momento, se convirtió en todo-lo-que-es. Aparecióasí la primera Tierra. No era un lugar tal y como lo conocemos hoy,era un lugar más luminoso, jamás hollado por el mal, queentonces ni tan siquiera había aparecido.
En aquella Tierra, todavía palpitanteen su juventud, existían unos seres igualmente jóvenes, ybellos. Y como la juventud es fuerza, estos seres poseían donesque hoy en día no cabría ni imaginar.Eran muchas las formas y tamaños,casi tantos como seres que existían. Aunque, como ya dije, eraninmortales, llegado su tiempo podían decidir, voluntariamente, desvanecerse,y retornar bajo otra forma de existencia. Así el poderoso daba pasoa una miriada de pequeños seres, y también los másdébiles, podían ser sucedidos por formas más complejas,y el ciclo de lo vivo no se interrumpía, y la vida tomaba siempreformas insospechadas.
Habían también, algunas formas máso menos definidas. Estaban Shaim y Nathais, los que vieron nacer al mundo,y que en la Tierra aún virgen, crearon muchas cosas, tomando elvacío y moldeándolo a su voluntad.
Shaim, se la recuerda casi siempre bajo su formahumanoide, una mujer alta, tanto o más que las mismas montañasque existen en la tierra hoy en día, su pelo era dorado, tan brillante,que dicen que tejió el sol con él, y de su voz claray alegre, surgió la brisa. Se deleitaba en el cambio de todo lovivo, y de no ser por su afán de estar siempre creando ella misma,se habría desvanecido para dar paso a otras formas.
Nathais, era por lo general una divinidadmasculina. Un hombre fornido, tan colosal como la misma Shaim, igualmentebello, con la tez clara, facciones rectas y abundante melena azabache,pero de carácter más reflexivo, como si quisiera algo másde todo lo que hacía. Sus ojos eran de la profundidad de lanoche sin luna, y su mirada, penetrante como el brillo lejano de una radianteestrella.
Una de las creaciones más sobresalientesde Shaim y Nathais, fueron quizá los Jezail, cuyo origen es un tantoespecial.
En los primeros días de la tierra, existíauna tercera gran fuerza, pero creyó llegado su momento, y decidióque debía retornar a la tierra. Nathais le rogó que no sefuese, pero Thengrom, que así se llamaba les habló de estamanera:
- No os abandono hermanos, no debéis inquietaros.Siento que ha llegado mi momento, y debo retornar al ciclo del Universo,pues en todo mi poder, no soy más que un engranaje del cosmos. Ysin embargo podría resistirme a este cambio, pero no seríamás que causa de dolor para todos. Ha de caer mi crepúsculo.
- Sé que me añorareis, pero enalgo os compensaré. Haced de mi, cuando vuelva, una de las másbellas criaturas que jamás hayáis ayudado a venir a la existencia,y mi gratitud estará con vosotros por siempre.
Dicho esto, Thengrom abrazó a ambos, ycon el rostro feliz y en paz, se tumbó en el suelo, y su cuerpose hizo luz, un resplandor cálido y acogedor que permanecióahí flotando, y que al momento Shaim y Nathais moldearon juntos,poniendo en él todo su recuerdo por su hermano.
Del cuerpo renacido de Thengrom, surgieron losJezail, quizás los seres más perfectos que jamás llegarana crear juntos.
El primero en nacer fue Nimdur, el únicode todos los Jezail que nunca existieron, que poseía una piel cobriza,y quizás el más grande entre los suyos. Poseían lasalas más fuertes y nobles de toda la creación. Su belleza,tenía su climax en los ojos, verdaderas joyas que podíancautivar durante horas. Eran también soberanos cantores, quizáslos primeros que jamás halla habido, y hay quien dice quefueron ellos los que enseñaron a los demás seres elarte del canto, pues las canciones que hablan de ellos siempre sonexcepcionalmente conmovedoras. Cuando uno de ellos decidía desvanecerse,su cambio de existencia era un acto solemne, pues con su tránsito,todo su cuerpo se transformaba en una luz danzante, de forma parecida ala de su padre, y esta luz cálida se elevaba hasta elcielo, ondulando y bailando entre los que contemplaban la escena.
Los únicos seres capaces de compararseen belleza, eran los elfos. Poseían la luz de la juventud, y enverdad eran inmortales como todos los demás. Pero su existenciaera más real, pues eran los únicos que poseían unsentido de paso del tiempo. Nacían desvalidos y su sabiduríaera fruto del tiempo y de su constancia, como demuestra el hecho que aprendieronel canto de los Jezail, y algunos elfos llegaron a igualar a sus maestros.
Eran los únicos seres que estabana mitad de camino entre la tierra, como las creaciones menores y Nathaiso su madre Shaim, los seres inmortales por excelencia. Esta yuxtaposiciónde cualidades y debilidades, como las sombras que moldean una escultura,les dotaban de una belleza especial. Viviendo en villas enteramente demármol, plata y cristal, parecidas a un sueño, perodonde tenían una cierta realidad. Ligados a una forma permanentemente,pero cuya belleza no hacía más que aumentar con su sabiduría.
Su divinidad estaba en su inocencia y pureza.Pero en el mismo instante en que la nada se tornó en vida, lo hizotambién en corrupción y muerte, si bien el anverso que retornaal equilibrio permanecía oculto bajo la superficie.
El tiempo de la felicidad se diluyó- comocasi siempre- imperceptiblemente para los que lo disfrutaban. La bellezase tornó en orgullo, la forma más antigua de corrupción.Primero una sombra, un destello fugaz; luego un distante silencio y finalmentela tormenta.
Nathais tornó su natural melancolíaen duda, y de esa semilla, tristemente ocultada, brotó el odio acuanto no poseía. Decidió que debía destruir el ciclode la vida, y ser él el alfa y la omega de la creación. Suprimer objetivo fue tentar a los Jezail, y todavía muchos lloransu éxito.
Al principio fueron vagas observaciones sobreotras criaturas. Pero poco a poco se fue abriendo paso hasta su corazóny halló su talón de Aquiles, pues se dice que con el tiempollegaron a envidiar a los elfos, y esta envidia infundada fue su perdición.
Cuando averiguó esto, Nathais abandonótoda precaución y les prometió tanto poder como desearan,y la certeza de que bajo su mano serían los seres másperfectos de la creación. Largo lamentarían esto, pues, sibien adquirieron poderes con los que ni siquiera habían soñado,por la fuerza malévola que empuñaba Nathais, sus cuerposse retorcieron, se alargaron, crecieron, de sus gráciles manos surgieronterribles garras, sus alas perdieron sus plumas, sustituidas por grotescasescamas que acabaron recubriendo todo su cuerpo; hasta transformarlos enlo que ahora son.
Curiosamente, sus ojos siguen cautivando comoantaño, así como su voz; pero no es más que un espejismo,han cambiado.
Son ególatras, egoístas, adoranenvolverse en joyas, oro y riquezas, sobre las que duermen largo tiempoy adoran que se les halague, sus mentes son retorcidas, malévolasy bastante astutas. Tal y como su amo quiso que fueran.
Cuando esta terrible transformación sehizo patente, Shaim aceptó lo que largamente se había negadoa creer que podría suceder, había nacido la guerra. Pidiendoperdón a un antiguo laurel, tomo su cuerpo y lo convirtióen una lanza, con la que decidió que desharía la deshonraque sobre el nombre de su hermano había caído.
Muchos se preguntaran ahora si esa fue el primerarma que maldijo a la Tierra. Es bien fácil, no. Fue una espada.Cuando Nathais transformó a los Jezail, vio sus garras, y ansióuna para si. Hizo brotar del corazón de la tierra ardiente un basaltonegro y opaco, que tomó con su mano y enfrió brutalmentecon su mirada. La semilla del mal acababa de florecer.
Muchos otros Nair se corrompieron, y el pueblode los antiguos se dividió en 2. Nathais y los suyos se habíanerigido en señores de la creación, sometiendo a sus hermanos.
Lo que sucedió a continuación notiene palabras humanas para describirse. Fue la gran confrontación,a todas las escalas. Hasta los mismos elementos estaban enfrentados, desdeel viento del norte con los profundos bosques hasta el mismo fuego de latierra que emergía para batirse en duelo con el océano. Cadaser, cada brizna, cada recoveco de la misma existencia estaba en una tensiónque seguía creciendo, y amenazaba con fracturar la misma tierra.
Pero Nathais ya estaba preparado antes de comenzar,y finalmente el viento del norte pudo destruir los bosques, y el fuegode la tierra campaba por los calcinados océanos.
Era el final, Shaim había perdido. Exhausta,ya sólo unos cientos parfait seguían luchando por la vida,como quiera que una vez fuera.
Nathais reía, pues su victoria era inminente.En un lance, increpó a Shaim.
- ¿ Es que todavía no te has dadocuenta? Perdiste esta batalla en el mismo instante en que la iniciaste.
- ¿A qué te refieres? Túiniciaste esta locura. Tu pariste todo el mal que hoy asola la tierra,nuestra tierra, ¿recuerdas?
- ¡ Ja, ja ja!, ¿ No te diste cuenta?Lo siento por ti, mi amor, pero si cuando yo me alcé, tu hubierasrespondido con el auténtico bien, si no hubieras luchado también,el equilibrio se habría restablecido de inmediato. No podemos existirseparados. Somos engranajes de una misma máquina ¿recuerdas?
Y sin embargo, ahora serás derrotada yreinaré por siempre. Todo es mio ahora, incluso los Jezail, sonahora mis... dragones, los portadores del mal.
En aquel instante, Nimdur, el que habíasido padre de los Jezail, pudo ver más allá de las falsasapariencias, de las mentiras y de las ideas preconcebidas que Nathais lehabía infundido en el corazón. Sintió en si mismola doble traición que había hecho, primero a todos los seresde la Tierra, y segundo a su hermana. En aquél instante recordótodas sus existencias pasadas, hasta la primera, en la que habíasido uno de los tres grandes. Jamás un dragón ha llorado,ni antes, ni desde que una lágrima negra cayó por la mejillade Nimdur. Si esa lágrima es su maldad interior que se redime nolo sabe nadie, pero en este caso Nimdur tenía plena conscienciade todo el mal que había causado.
Cegado por su dolor, se arrojó contraNathais, no para atacarle, sino para interponerse entre él y Shaim.A la espada de Nathais sólo le pareció un blanco fácil.Con gran facilidad, le atravesó, quedando herido de muerte, en losbrazos de Shaim.
Nathais se retiró, con una mezcla de sorpresa,e ironía en su cara, pues no esperaba atravesar a "este en concreto".
En Shaim solo cabía la estupefacción.El ser más horrible de la creación había parado consu cuerpo una estocada letal. Solo pudo musitar un entrecortado ¿Porqué?, que Nimdur respondió con una forzada sonrisa:
- Solo quería tu perdón.
Esas fueron sus últimas palabras. Su últimohálito fue para pedir compasión. Quizás se la otorgó,pues Shaim, en todo lo extraño de su acción, creyóver a su hermano perdido en los eones del tiempo, una pálida imagenen aquella torturada criatura, y cuando lloró ante su cuerpo sinvida, ocurrió algo que no había sucedido desde que la guerrahabía comenzado. El cuerpo inerte de Nimdur retornó a suforma primigenea, un Jezail, dejando su oscuro cuerpo con la palidez dela muerte, y sin embargo bello. Y como lo que siempre fue, su cuerpo sedeshizo en la luz de la que realmente estaba hecho, y Shaim sintiópor última vez más la cálida paz que desprendía.
Ya no cabía lugar a duda. La tierra nuncavolvería a ser el paraíso que fue, no si no podíaderrotarle, y ya no podia. Todo estaba perdido, incluso el últimoJezail, que dejó de ser un dragón en el instante mismo demorir.
Abriendo los brazos, con la expresión tranquila,se acercó con paso firme hacia Nathais, sin resistirse, soltandosu lanza, dejando que su espada la atravesara lentamente, paladeando susangre, hasta que la misma empuñadura tocó su carne. Y cuandoestaba junto a él, en su postrera hora, le abrazó y dijo:
- Ya lo has conseguido. Conmigo, acabas de destruirel último reducto de los días antiguos. La tierra ha sidodevastada, nuestras obras corrompidas, pero en una cosa te has equivocado.Me has enseñado que hasta ahora no conocía el autentico bien,la compasión. Porque un bien que existe porque si, es una existenciatan inútil como el vacío mismo. Tras toda esta muerte, ydesolación, he descubierto la piedad. No puedo vencer, pero no sojuzgarásnuestra tierra.
- ¿ Por qué? ¿Cómolo vas a impedir, si estas más muerta que viva?
- Porque te amo, somos uno.
Y abrazó aún con más fuerzaa Nathais, con toda la vida que le quedaba, con tanta fuerza, que lo quequedaba de su propio ser desapareció, uniéndose definitivamentea Nathais en su último abrazo. Ahora, todo el dolor, la compasióny el amor de Shaim estaban junto a él, en él , y envueltoen luz, cayó al suelo.
Ángeles y demonios contemplaron esta últimaescena desconcertados. El rugido de la batalla fue engullido por un silencioque no se ha oido jamás, el de un planeta que contiene la respiración, en un instante crítico de su vida.
Uno a uno, todos los que una vez habíanluchado junto a Shaim, abandonaron sus armas, soltaron sus escudos, dejaroncaer sus armaduras, y abriéndose de brazos, se dejaron caer al suelo.Al tocar el suelo, sus cuerpos estallaron como si fueran vasijas de luz.Primero unos pocos, luego todos, y una luz más cegadora que cualquiersol, una nova fue recorriendo la torturada superficie del planeta. Y decada rincón, de cada nicho de muerte, la luz devolvió lapureza perdida.
Esa es la justicia, una vida por otra, una penitenciapor un pecado, y un acto de suprema compasión que supuso el finde una era, pero que no supuso el fin de una existencia.
Cuando la luz volvió a su cauce, tan soloquedaba un ser sobre la tierra. El primer hombre se encontraba ahí,como adormilado. Poco a poco, comenzó a moverse, observando todosu alrededor, sus mismas manos, su piel, todo era nuevo para esta criaturarecién nacida hace unos instantes. Era bello y sin embargo, no poseíaluz propia. Era el primer mortal que despertaba a la vida, y a la muerte.
Un elfo, con gran cautela y expectación, se le fue acercando, y cuando ambos estuvieron frente a frente, mirándosecon sorpresa y extrañeza, le dijo el hombre:
- ¿quién soy yo?
- Tú eres nuestro padre, nuestra madre,nuestro salvador y condenación, tú eres nuestro hijo.
Epílogo
Nadie sabe si todavía existen ángeleso demonios, encarnaciones verdaderas del bien o del mal. Por contra, enla misma naturaleza del hombre, en su propia alma, todavía coexistenShaim y Nathais, y tan sólo depende de él, que por su propioabandono Nathais recupere su libertad, o que Shaim redima a su hermano.